Cuando ví imágenes del Monte Popa me pareció espectacular y supe sin dudarlo que sería una visita obligatoria en nuestro viaje por Myanmar. ¿Qué hay para ver? Poco más que una pagoda, pero su peculiaridad reside en que está construida en lo alto de un promontorio de 740 metros de alto. A su vez, todo el pueblo está construido sobre el monte Popa, un volcán (no activo) de 1518 metros de altura. Precisamente por estar tan alto es recomendable llevarse algo de abrigo, pues por la noche refresca (nosotros llegamos a pasar un poquito de frío y todo).
Pese a que pueda parecer una pérdida de tiempo desviarse para visitar una pagoda, para mí fue de lo mejor del viaje, bien sea por las vistas, porque se estaba más fresquito o porque nos alojamos en un hotelazo.
Cómo llegar al Monte Popa
Normalmente el Monte Popa se visita como excursión de un día desde Bagan. Para ello puedes contratar una plaza en una furgoneta o camioneta por unos 3500 kyats. Salen sobre las 08h y vuelven a las 13h, y el trayecto dura 2h. Sale barato pero tienes el tiempo justo y además no podrás hacer fotos en condiciones.
Nuestra siguiente parada sería Mandalay, por eso decidimos hacer noche allí y luego seguir nuestro camino. Total, son sólo 45 minutos más de viaje que ir directo de Bagan a Mandalay.
Para optimizar al máximo el tiempo y no depender de buses o furgonetas contratamos a Ko Pauk, un taxista privado que tendríamos a nuestra plena disposición los siguientes 3 días. Era la única forma de poder visitar todo lo que queríamos sin ir a correprisas. Tras escribir a varios conductores me decidí por él y no puedo más que recomendarlo: fue amable, se adaptó a todas nuestras necesidades y no nos cobró ni un céntimo hasta el último día. Si quieres puedes contactar con él en este e-mail: zawhtetmdy1974@gmail.com.
Ir de Bagan a Mt. Popa, visitar la pagoda y luego ir hasta el hotel nos costó 40.000 kyats. Como ves, mucho más caro que los 7.000 que nos hubiese costado en furgoneta, pero en exclusiva para nosotros y sin penurias.
La pagoda Taung Kalat
Íbamos tranquilamente charlando con Mr. Pauk cuando de repente hizo una parada y nos dijo «mirad allí». Allí estaba, la enorme roca con la pagoda Taung Kalat encima.

Tenía todo el equipo guardado, cogí la pequeña RX100 que tenía a mano y saqué una foto más de recuerdo que otra cosa. Pintaba mal el día, con esa neblina famosa ya me podía despedir de muchas de las ideas que tenía para hoy.
Seguimos la carretera hasta llegar a las escaleras que suben a la pagoda (GPS 20,54.7814N, 95,12.5479E). Por delante teníamos 777 peldaños… No llegamos a subirlos todos porque a partir de cierto punto exigían pantalones largos y mi mujer se los había dejado en el coche.
Durante todo el trayecto estuvimos rodeados por monos. Son muy graciosos, la pega es que también dejan huella en las escaleras llenándolas de excrementos.

Y aquí un altar que pudimos ver antes de que nos cortasen el paso:

Nuestro alojamiento en Mt. Popa
Eran las 14h cuando fuimos al hotel a tomarnos el resto del día de relax a esperar el atardecer.
Si me conoces mínimamente sabes que cuando organizo mis viajes trato de ser una persona práctica a la hora de elegir alojamientos. No me gustan los caros porque aunque sean mejores estoy pagando de más por un lujo que no voy a disfrutar (apenas pasamos horas en el hotel). Tampoco soy de pasar penurias por ahorrarme unos eurillos. Algo que esté limpio, bien ubicado y con un precio moderado suele ser mi elección.
En todos los días que pasamos en Myanmar hicimos una sola excepción: nos dimos el gusto de alojarnos en el Popa Mountain Resort (GPS 20,55.0375N, 95,13.1405E). Era el hotel en el que más tiempo íbamos a pasar. Y qué narices, también lo escogí porque sin salir de la habitación podría hacer fotos a la pagoda ensalzada sobre la llanura. De hecho, dentro del resort hay varios tipos de habitación y nosotros pedimos específicamente la suite que mejores vistas tuviese hacia mi objetivo. Nos costó 100€ la noche.
Nada más llegar nos cogieron las maletas y las llevaron a nuestra habitación. Mientras tanto, nos dieron un zumo y un pincho de fruta fresca. ¡Qué bien entraba!
La caseta que vas a ver está dividida en dos habitaciones, y la nuestra era la de la derecha.

Aquí puedes ver el interior, súper espacioso y confortable con ese toque rústico que da la madera.


Lo primero fue ir a comer al restaurante del propio hotel y luego visitamos las instalaciones en busca de las mejores vistas a la pagoda para prepararnos para el atardecer.
Fotografiando la pagoda desde el hotel
Después de nuestro paseo de prospección llegué a la conclusión de que haría fotos desde 3 sitios distintos: empezaría por la terraza comunitaria, seguiría por la zona de la piscina que estaba yendo hacia nuestra habitación y terminaría desde nuestra terraza privada.
Como era de esperar, al atardecer la barandilla de la terraza comunitaria se llenó. Pero yo ya tenía mi sitio cogido 🙂

La bruma blanquecina más que molestar ayudaba a crear una atmósfera especial, dándole profundidad a la toma y realzando la figura de la gran roca.

A la toma le fallaba no tener un primer plano interesante. Quizás una foto desde un punto más cercano al pueblo hubiese sido más interesante, pero hubiese perdido el efecto de la bruma. Cambié de encuadre hacia la piscina buscando algún elemento más.

Aquí puedes ver el camino hacia nuestra habitación.

Ya completamente de noche intenté hacer una foto con trazas de estrellas (o startrails) desde nuestra terraza privada. Después de 67 tomas este fue el resultado…

Si quieres saber cómo se consigue el efecto de las trazas de estrellas puedes echar un ojo al artículo donde explico cómo hacer una circumpolar porque la técnica es la misma.
El caso es que por la maldita bruma no me quedó como esperaba. La luz del templo generaba un fogonazo en el cielo, al igual que las poblaciones. De no ser por eso, la contaminación lumínica no sería tan visible y habría podido llenar más el encuadre.
Y hasta aquí lo que te puedo contar sobre el Monte Popa. No me hubiese importado quedarme un día más para explorar en busca de mejores encuadres. Fue todo un acierto ir hasta allí y gastar algo más de dinero, porque supuso un respiro después de la forma en que empezamos el viaje. Los días en Bagan no fueron malos pero aquí nos relajamos mucho más y nos fuimos con muy buen sabor de boca.
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