Hace ya algunos meses te comenté que por cosas de la vida iba a estar más a menudo por Navarrés y sus alrededores, en el interior de Valencia. Esto me permite explorar e ir aumentando la lista de localizaciones del artículos sobre la Canal de Navarrés. En esta ocasión te voy a hablar de una visita cultural muy interesante al castillo-palacio de los Condes de Cervellón en la población de Anna. A diferencia del castillo de Montesa, donde podíamos hacer fotografía de paisaje, este es un lugar con mucho juego para practicar fotografía de arquitectura, interiores y detalles.
No sin cita previa. Planifica tu visita
No es posible visitarlo por libre, sino que las visitas son guiadas en pequeños grupos y se ha de concertar cita previa, especialmente ahora por las medidas COVID ya que hay un límite de 10 personas por visita. Se puede reservar llamando al Tourist Info (616551877) al menos con un día de antelación.
Estos son los horarios a la fecha en que escribo este artículo:
- Martes a sábado: 10-14h y 15-18h
- Domingos y festivos: 10-14h
- Lunes cerrado
Y aquí tienes los precios:
- Adultos (>13 años): 4€
- Niños (4-12 años): 1€
- <3 años: gratis
Una vez tengamos nuestra plaza confirmada, nos citarán para que vayamos unos minutos antes a la puerta de entrada principal (GPS 39.022085, -0.642767), pagaremos nuestros tickets y empezará el show.
Conociendo la historia del castillo
La visita comienza con una breve introducción sobre Anna y sus parajes naturales que nos ayudará a tomar consciencia de la importancia del agua en esta zona de la Canal. Encontramos sitios como la albufera de Anna o el gorgo de la Escalera, de los que ya hablamos en el anterior post, y muchos más. El agua fluye con tal fuerza alrededor de Anna que muchas empresas se instalaron a su alrededor para aprovecharse de ello, lo que a su vez trajo riqueza al pueblo.
De todos es sabido la inteligencia de los árabes y su obsesión por el agua, por canalizarla y almacenarla para no quedarse sin abastecimiento. Y cuando pasaron por Anna allá por el s. XII te puedes imaginar la alegría que les daría. Cuando construyeron el palacio lo hicieron estratégicamente justo por donde fluía agua. En el sótano construyeron una gran sala a modo de aljibe que se llenaba gracias a ese agua. La sala estaba completamente tapiada, de manera que nadie que visitase el palacio se percatase de su existencia. Los inquilonos que a lo largo de los años fueron habitando el palacio tenían un pequeño pozo para coger agua, lo que no sabían era el pedazo de almacén que tenían al lado escondido tras una gruesa pared de piedra. Tanto es así que no fue hasta hace poco cuando descubrieron esta gran sala mientras hacían tareas de restauración. En esta foto puedes ver la sala del pozo, el aljibe queda al fondo a mano derecha.

Pero si estaba completamente tapiada… ¿no reventaba por la presión del agua? Lo tenían todo pensado. El agua entraba por un orificio y había otro agujero de salida situado en lo alto de la sala para que, si el agua llegaba hasta esa altura, fuese capaz de seguir su curso. De este modo, si sufrían un asalto podían quedarse encerrados en el palacio y nunca iba a faltarles el agua.
Seguimos nuestra visita por la siguiente sala, ahora usada como museo, donde podemos ver antigüedades como la antigua caja fuerte del ayuntamiento, maletas enormes de madera que usaban personajes conocidos de la zona, utensilios de agricultura para hacer aceite (por allí hay mucho olivo)…

Y el más peculiar de los objetos: un antiguo carro que era lo que hoy en día sería un camión de bomberos, solo que tenían que arrastrar su enorme peso y bombear el agua manualmente con una persona a cada lado tirando del balancín…

Este «carro de bomberos» era una joya que usaban para apagar los incendios del pueblo pero también lo alquilaban a otras poblaciones vecinas que se encontrasen en problemas.
La huella musulmana
Después de conocer más sobre el estilo de vida de la época, salimos de las salas/museo para ir, desde mi punto de vista, a las zonas más espectaculares de la visita: las salas musulmanas. Por suerte, los múltiples dueños cristianos que tuvo el palacio tras la conquista tuvieron la sensatez de mantener parte del patrimonio que habían dejado los árabes.

Tras cruzar el jardín, nos adentraremos en una primera sala acristalada.

La cantidad de detalles es brutal, en el techo, en las paredes, en los jarrones…

Pero si te sabe a poco espera a ver la joya que se esconde tras esas puertas… Una habitación en tonos rojos, con menos luz que la sala anterior ya que sólo tiene pequeñas ventanas con vidrieras, recargada de detalles pero repartidos de forma armónica.

Los mosaicos de la pared no son de la época sino que se hizo una reconstrucción de manera artesanal siguiendo los métodos de antaño, colocando trocito a trocito cada pieza. Lo más curioso es que mantienen una perfecta simetría. Si la pared fuese de papel podríamos doblarla en vertical u horizontal y las piezas coincidirían al milímetro con otra de su mismo color y posición. Para quitarse el sombrero.
El ala cristiana
Una vez acabada la visita a las salas musulmanas cruzaremos el jardín para ver la parte cristiana, para mí mucho menos impactantes ya que estamos más acostumbrados a ver este tipo de arte.


Aquí tendremos que subir escaleras para ir a las plantas superiores.

Y desde las ventanas de la última planta podremos tener una vista elevada del jardín.

Con esto sólo queda bajar de nuevo para dar por terminado el recorrido por la historia del palacio de los Condes de Cervellón.
Centrándonos en lo que a fotografía se refiere, ya ves que pude tomar las fotos sin trípode. Era un día nublado, pero con la luz que entraba de las ventanas y la poca iluminación artificial fue suficiente para no tener que pasar de un ISO 2500. Naturalmente, con trípode siempre te aseguras un resultado más limpio, pero no me parecía adecuado al tratarse de una visita guiada. Ya fue bastante que me iba quedando atrás del grupo esperando a que las salas estuviesen vacías, como para andar montando el trípode… Y en cuanto a focales, fui sólo con el Tamron 17-28mm montado en la Sony A7III. En la sala musulmana hubiese agradecido tener un 14mm o similar, pero en general con un gran angular te basta salvo que quieras captar algún detalle en los techos, en cuyo caso necesitarás también un tele.
Espero que te haya gustado tanto como a mí este pequeño rincón que tenemos en la Comunidad Valenciana. ¡Próximamente nuevas localizaciones!
Keep on moving!
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