Cuanto más me veo forzado a moverme por los alrededores de Valencia más rincones con encanto descubro en mi Comunidad: montañas impresionantes, acantilados, cuevas, arcos naturales, palacios… Es lo que más estoy fotografiando estos últimos meses al no poder viajar a otras comunidades por el cierre perimetral. Hace poco te hablé de la playa de Chilches en Castellón, y ahora es el turno de un fantástico castillo. El día no acompañó demasiado pero creo que puede servirte mi experiencia para aprender algunas cosillas y a la vez descubrir una nueva localización a la que ir.
Sobre Montesa y su castillo
Montesa es una pequeña población del interior de Valencia, situada entre Játiva/Xàtiva y Onteniente/Ontinyent. Está cerca de la ruta por la Canal de Navarrés que te recomendé, exactamente a 16 km de Anna, por lo que si tienes pensado viajar a la zona puedes aprovechar y visitarlo. El pueblo es de apenas 1.200 habitantes, y su mayor reclamo es el castillo que encontrarás a las afueras, en lo alto de la montaña (GPS 38.951887, -0.653586).
Este castillo de estilo gótico valenciano data del s. XIII. Se dice que fue uno de los más fuertes del antiguo Reino de Valencia y que entre sus gruesos muros podían llegar a formar 2.000 hombres. En el año 1277, mientras se usaba como refugio para musulmanes disidentes, Pedro III de Aragón consiguió asaltarlo. Años más tarde, su hijo Jaime II lo donó a la recién creada Orden de Montesa, encargada de proteger el Reino de Valencia tras la disolución de la Orden del Temple. Ellos lo reconstruyeron, ampliaron y establecieron allí su sede.
En el año 1748 vino la desgracia: un terremoto sacudió la zona derrumbando gran parte del castillo. Pero es que 7 años más tarde sufrió una nueva sacudida mientras estaban en misa, causando el pánico entre los asistentes. Imagino que entre el susto y que todo el trabajo hecho anteriormente para reconstruirlo se fue a pique, fueron motivos suficientes para abandonarlo. Ya en 1926 cuando sus restos se declararon monumento arquitectónico-artístico. Recientemente se han hecho trabajos de reconstrucción en su interior.
Llegar hasta él es muy fácil, se puede dejar el coche a unos 30 metros del castillo, al menos a las horas a las que vamos nosotros a hacer fotos… De todos modos, me da la impresión que no debe ser un sitio súper visitado salvo por freaks como nosotros, ya que sólo se puede entrar al castillo a ver sus ruinas durante 4 horas el fin de semana. Eso sí, desde donde aparcas hasta donde se fotografía no es liso y asfaltado sino que es un camino de tierra y piedras. Es muy sencillito y no es necesario que lleves zapatillas de trekking, pero tampoco es accesible a personas con silla de ruedas
Fotografiando al amanecer
Descubrí esta localización gracias a la gran obra de mi amigo Jose de la Font. Él se conoce bien la zona y ya tiene más que fotografiado el castillo, así que tuve un buen guía 😊 El ángulo más vistoso del castillo es de frente a las escaleras que suben hasta la puerta de entrada. Por su orientación, el momento más recomendable para fotografiarlo es el amanecer, ya que el sol sale justo enfrente y puede dar mucho juego, no sólo porque tiña de color las nubes (si las hay) sino que podemos crear sunstars en distintas partes del castillo.
El día que elegimos no fue precisamente espectacular, ya que el cielo estaba muuuy plano, pero fue la escusa perfecta para conocer la localización y pasar un buen rato con Jose y con mi compi Talu, que también se apuntó a la fiesta pegándose un madrugón para venir desde Valencia. Aproveché también para poner a prueba el trípode de viaje Vanguard VEO 3GO como ya verías en la review, y para juguetear con mi nuevo cacharro, un monitor de campo Neewer sobre el que te hablaré más adelante.
Empecé a hacer fotos un rato antes de que saliese el sol por dos motivos. En primer lugar porque el horizonte estaba teñido de unos bonitos tonos naranja que más tarde ya serían amarillos y mucho más fuertes. Y por otro lado, habían unos bancos de niebla en las montañas lejanas y me daba miedo que desaparecieran. A veces esperas y desaparece la magia del momento, así que había que aprovechar, aunque en este caso se mantuvieron durante toda la sesión. Para mostrar más el entorno opté por hacer una panorámica.

Una costumbre que estoy cogiendo es la de poner el balance de blancos en manual. Casi siempre lo usaba en automático porque son parámetros que puedes corregir fácilmente en el procesado siempre que dispares en RAW. Sin embargo, en escenas con una dominante de color clara como pueden ser los amaneceres y atardeceres, la cámara tratará de compensarlas enfriándolas mediante el balance de blancos haciendo que la foto pierda mucha magia. Eligiéndolo tú en el momento de la toma puedes hacer que represente más fielmente el color de la escena o bien virarlo hacia las tonalidades que más te gusten. La foto quedará más vistosa cuando la abras en tu ordenador dentro de un tiempo (quizás meses más tarde) y tendrás que echarle menos rato para corregir el color. En esta sesión, le dí calidez y un toque magenta para conseguir unos colores naranjas y morados.
A falta de nubes… ¡buenas son las sunstars!
Y finalmente apareció ante nosotos el astro rey. Hubo que esperar un poco hasta que se situase en un sitio interesante para la composición. Aproveché cuando se puso a la altura de los matorrales para que los rayos rompiesen en ellos, diafragmar y conseguir la famosa sunstar.

Como ves en los datos EXIF, hice dos fotos para conseguir todo el rango dinámico de la escena, pero no me limité a cambiar el tiempo de exposición, sino que también jugué con la abertura:
- Una foto bien expuesta para el suelo, disparando a F/11 para conseguir una buena profundidad de campo y también un buen rendimiento del objetivo en cuanto a nitidez y aberraciones.
- Una foto subexpuesta para recuperar las altas luces, pero en esta ocasión disparada a F/22 para conseguir un sol más estrellado. A estas aberturas se pierde mucho detalle debido a la difracción, pero como sólo se va a usar para el sol y sus rayos no tiene trascendencia.
Como ves, es importante tener en mente el resultado final de tu foto desde el momento de la toma. Sólo así harás las fotos que necesitas cuando estés en el campo.
A medida que el sol subía, fui moviéndome para cambiar su ubicación en el encuadre. Aquí lo puedes ver justo al final de las «escaleras» (casi casi es más una rampa, pero tiene escalones), lo que me ayudó a que estas estuviesen iluminadas y así guiar la mirada hacia el fondo.

Antes de dar por terminada la sesión, me fui a buscar un último encuadre en el que se vieese el arco que hay bajo las escaleras. Lo ideal habría sido pillar ahí el sol, pero ya estaba demasiado alto. Ya tengo excusa para volver, jeje.

Así terminó nuestra salida al castillo de Montesa, un lugar que bien merece alguna que otra visita más (¿una nocturna tal vez?). Y si sientes curiosidad por ver cómo es su interior, suelen abrirlo un par de horas los fines de semana (11:30 a 12:30 h y de 16:30 a 17:30h). Lo mejor es que llames antes y te informes por si acaso. Aquí te dejo el teléfono que aparece en Google: 962 299 002
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4 Comments
Gracias Jorge, por publicar este articulo tan interesante
Me alegra que te guste Javier! Gracias por pasarte. Un abrazo
Hola Jorge, un gran artículo, yo visite ese castillo el verano pasado al atardecer, fui a inspeccionar y ahí quedó la cosa. A mi las sunstar no se me acaban de dar bien, así que tendré que ponerme a ello.
Un abrazo.
Muchas gracias Rubén! Pues ya ves que las sunstar no tienen mucho misterio, basta con cerrar diafragma a F/16-F/22 y pillar el sol «tropezando» con algo en el encuadre 😉
Un abrazo