En una de mis publicaciones anteriores hice un repaso de cómo había cambiado mi relación con la fotografía a lo largo de los últimos años. De hacer paisajes a adentrarme en el mundo de la luz artificial.
Hoy quiero compartirte una foto que, lejos de ser perfecta, resume bien esa fusión de conocimientos que he ido adquiriendo al abrirme a disciplinas como el retrato o el lightpainting.
Cómo surge la idea
Lo que me llevó a hacer esta foto fue básicamente un concurso del cole, cuyo tema era «realidad o ficción». ¿Qué haces con un tema tan abierto? Tras darle muchas vueltas sin que se me ocurriese nada interesante, al final opté por montar una escena en casa haciendo partícipe al peque.
Quería que se le viera con un libro en la mano, como si estuviese leyendo aunque por edad todavía no sabía. También quería generar un ambiente fantástico, al estilo Disney, aprovechando la decoración de su habitación, los miles de peluches y una tienda tepee que tiene para jugar.
Aunque realmente el toque de ficción lo aportaría el lightpainting añadiendo una hoguera generada exclusivamente con luz. Tenía claro que dibujar con luz es una buena herramienta para hacer dudar al espectador sobre si algo es real o ficticio (el fotomontaje no estaba permitido).
Todo ello pretendía transmitir qué es lo que siente un niño cuando está absorto en la lectura de un libro, el poder que tiene sobre nuestra mente para hacerla volar. Siendo para el colegio me pareció un mensaje muy apropiado, de ahí que la titulase «Lectura: la llama de la imaginación».

Esquema de luces
Después de organizar el decorado tocó montar el set de luces. En una habitación a oscuras todo depende de la luz que añadas tú, así que había que elegir bien. Esto es lo que finalmente usé después de muchas pruebas:
- Proyector de nebulosas. Es el que aporta la luz azul a toda la escena y la que crea ese efecto en el techo. Además, al no poder regularla, debía apagarla manualmente pasados 2 segundos.
- Panel LED mini dentro del libro que sujeta el niño. Más que un libro es una caja con forma de libro, abres la portada y está hueco en medio. Aproveché para poner la luz dentro en dirección hacia su cara, de modo que fuera como un libro mágico. Lo puse al 10% de potencia, 2500K y tenía que apagarse también a los 2″.
- Flash Yongnuo YN-560 III en un octabox de 80cm con panel de abeja, a la izquierda de la cámara dirigido hacia la sillita del peque. Este era el encargado de iluminarlo rápidamente y aportar algo de luz al primer plano también. La potencia fue de 1/8.
- Linterna cálida Maglite 3D con plumero de fibra óptica para crear la hoguera.

La ejecución
El timing era:
- Yo estaba colocado detrás de la tienda tepee, el niño sentado y mi mujer junto a la cámara. La luz del proyector y del panel LED encendidas.
- Pulsar el disparador de la cámara, el cual activa el flash mediante el trigger.
- A los 2″ mi mujer cubre el objetivo, mientras yo apago el proyector, me pongo delante de la tienda y el niño se va de la escena con el panel LED. Volvemos a destapar el objetivo.
- Enciendo la linterna y empiezo a mover la fibra óptica tratando de darle forma de hoguera hasta que la cámara corte la exposición a los 30″.
Parece sencillo, aunque el simple hecho de no golpear la tienda yendo a ciegas ya fue todo un reto. De todos modos, lo realmente complicado te lo explico ahora.
Dificultades
Como podrás imaginar, dirigir a un niño tan pequeño era una tarea chunguísima. Primero porque tienen muy poca paciencia y cada 3 o 4 disparos ya estaba harto y quería irse.
Segundo porque debía quedarse mirando hacia dentro del libro, y cada vez que se accionaba el flash su reacción era levantar la cabeza. Y claro… el panel seguía alumbrándole durante 2 segundos, por lo que su cara salía movida (daba mal rollo, la verdad). Eso fue lo que más tomas nos hizo repetir.
Lo siguiente fue mi poca destreza con la fibra óptica. Apenas había practicado un poco antes de hacer la sesión, y algunas hogueras salían muy churras. De hecho, la definitiva no es que fuese una maravilla, pero la tuve que dar ya por buena.
Otro pequeño detalle fue que detrás del niño tuve que poner una esterilla negra porque de la luz que llegaba al hacer la hoguera el niño aparecía como un fantasma porque ya no estaba sentado y los barrotes de la cuna eran blancos.
La recompensa
En definitiva, fue todo un reto que nos costó sudor y lágrimas, pero valió muchísimo la pena. Creamos un recuerdo único haciendo un gran trabajo en equipo. A mí me sirvió para practicar con luces, y el peque flipó cuando vió el resultado en cámara.
Si los adultos ya alucinamos cuando descubrimos el mundo de las nocturnas, imagínate a un niño que sólo ve luces encenderse y apagarse por la habitación… Ni por asomo se imaginaba el cuadro final. Pura magia.
Ah, ¡por cierto! No gané el concurso, por si te lo estabas preguntando. Aunque lo que he ganado es mucho mejor. Te prometo que no lo cambio 😉
4 Comments
Muy interesante el saber el proceso y dificultades que se presentan en una foto como ésta, aparentemente sencilla.
Enhorabuena por la foto, por tu trabajo y por el resultado conseguido !!!!!!
Gracias amigo!! Un placer que te haya gustado 😉
Precioso recuerdo. Emhorabuena.
Muchas gracias Víctor! Sin duda una de las cosas buenas de la fotografía, recuerdos que quedan para la eternidad 😊